Autor: Mario Rodríguez

Durante la década de los 60, las nuevas olas de Diseño Gráfico que migraron a EEUU desde Alemania convivieron con las corrientes musicales que se generaban en ese país, en Ciudades como Chicago, San Francisco y Nueva York existía un sinfín de bandas que revolucionaban las corrientes de Blues, Swing, R&B y Rock N’ Roll a los que los usuarios estaban acostumbrados.

El movimiento hippy cobró gran fuerza en estos años y junto con este, muchos artistas plásticos comenzaron a donar sus obras para las portadas de las obras discográficas de artistas como The Who, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Grateful Dead y The Doors entre otros.

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Jimi Hendrix – Axis: Bold as Love

En los 70 y 80 la música continuó con este maridaje perfecto, portadas como “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd y el “Sticky FIngers” de los Rolling Stones ahora se encuentran en nuestro imaginario colectivo como una prueba irrefutable de la convivencia perfecta entre la música y el diseño.

Personalmente considero que las portadas son una simbiosis perfecta entre el Diseño y el Arte. Todos los elementos que conviven en la producción de una portada son los mismos que podemos encontrar en una campaña publicitaria, en una estrategia de Marketing o alguna activación. No es necesario hacer mucha introspectiva como para decir cual es tu portada favorita de algún álbum.

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Nirvana – Nevermind 1

Actualmente se emplean ilustradores, agencias de publicidad, fotógrafos o artistas visuales para producir las portadas. Estas vienen en diferentes rangos, dependiendo de los géneros, desde lo más vistoso y barroco hasta lo más minimalista y sencillo. Ahora es prácticamente imposible separar al diseño de la música y así permanecerá la tendencia por muchos años incluso cuando muchos aseguran la desaparición de los formatos tangibles como los CDs y los Viniles.

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Mastodon – Crack the Skye 1